viernes, 31 de agosto de 2007

Opinión de Gabriela Rodriguez en el Periodico La Jornada

¿Obedecer a un príncipe?

Gabriela Rodríguez
gabriela_afluentes@prodigy.net.mx

La embestida para no distribuir los libros de texto de educación sexual en algunos estados del país, de detener la repartición de condones en Jalisco y de cerrar el acceso al aborto en la ciudad de México nunca ha recurrido a otros argumentos que los diseñados desde Roma en los documentos vaticanos. No cabe duda que a gobernadores, diputados, procuradores y funcionarios de la derecha les hace falta ser más creativos al impulsar su agenda. A la fecha sus argumentaciones nunca han ido más allá de replicar las tesis sobre el origen de la vida y sobre la fobia sexual, cuya autoría intelectual hay que reconocerle a la “Santa Sede”.

Por eso la defensa de la laicidad en el sentido de no intervención de la religión en las políticas públicas, de separación de las creencias personales en función del interés público y la neutralidad de las instituciones es imprescindible si se quieren garantizar los derechos sexuales y reproductivos.

Ojalá que los gobernadores no eviten la distribución de los libros de texto, porque evaluaciones realizadas en múltiples países han demostrado que se reduce el embarazo en adolescentes, de la misma manera que son menores los abortos cuando se incrementa el uso de anticonceptivos; cuando los programas de educación sexual ofrecen materiales educativos de calidad en escuelas y centros de salud; si se abren discusiones con los adolescentes sobre la conducta sexual y el uso de anticonceptivos; y cuando se difunde un mensaje claro al respecto.1

Ojalá que el sector salud nunca deje de distribuir condones a la población, porque la promoción del preservativo y de prácticas de sexo más seguro no incrementan la actividad sexual, pero sí posponen el inicio de la primera experiencia sexual, reducen el número de parejas sexuales y además protegen a los jóvenes activos de las infecciones de transmisión sexual, incluyendo el VIH y el embarazo.2

Ojalá que nunca impongan en México las campañas ABC: Abstinencia sexual hasta el matrimonio entre jóvenes, Fidelidad a los casados (be faithful) y Condón para la población en riesgo. Las evaluaciones han demostrado que esas campañas fallan en prevenir del VIH/sida porque se contagiaron muchas jóvenes vírgenes que eran fieles, pero que se casaron con hombres que habían contraído VIH previamente; siendo fieles las esposas adquirieron el VIH porque sus maridos no son fieles; muchas novias y esposas infectadas eran víctimas de abuso y violación; las trabajadoras sexuales cobran más si no se usa el condón y los mensajes resultan absolutamente irrelevantes para las y los solteros activos y para la población lésbica, gay, bisexual, travesti y transgénero.3

Ojalá que nunca detengan los servicios de interrupción del embarazo en la ciudad de México, porque la muerte materna se reduce a menos de 2 por ciento cuando el servicio es legal y seguro.

Ojalá que nunca se rompa el Estado Laico en México porque podríamos regresar al monopolio de la verdad del clero católico o de alguna otra Iglesia, y entonces se pondríar en riesgo la igualdad y los derechos humanos, como ocurre en Brasil.

Hoy estuve en la Cámara de Diputados en Brasilia, escuchando un debate sobre la despenalización del aborto y quedé realmente bloqueada. Es increíble que contando con una Constitución que reconoce el Estado laico desde que se fundó la República hoy no sea posible separar la Iglesia y el Estado en el recinto legislativo.

En ese hermano país han descuidado las fronteras simbólicas y territoriales entre lo religioso y lo político. Y aunque utilizan los mismos argumentos de “defensa de la vida desde la concepción” que usaron los diputados panistas de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, la diferencia es de notar. Gran cantidad de diputados son pastores evangélicos: las argumentaciones en el Congreso remiten a textos bíblicos y a la palabra de Jesucristo, comparecencias proselitistas terminan con oraciones y cantos invocando a Dios. El diálogo es imposible, ya que se confunden los planos de análisis, se discuten valoraciones religiosas contra evidencias científicas. No se habla la misma lengua desde los dos lados.

Esta elite político-religiosa que se ha apoderado del Congreso en la ciudad de Brasilia, construida ex profeso para albergar a una burocracia nacional y separarla del resto de los mortales, ha favorecido que se distancien las políticas públicas de las bases y de las movilizaciones sociales que ocurren en el país. Hoy los evangelistas, con los mismos argumentos de las tesis vaticanas –aunque no lo reconozcan– están a punto de tumbar al ministro de Salud que planteó la necesidad de revisar la ley del aborto para reducir las muertes maternas. Así las cosas.

Quién nos iba a decir que en pleno siglo XXI hay que hacer una apología del Estado laico. Que después de 500 años de resistencia y más de un siglo de repúblicas independientes, gobernadores y diputados quieran someter a la ciudadanía a la voluntad del príncipe extranjero en turno, Joseph Ratzinger, de esa monarquía romana que nunca ha querido reconocer nuestras instituciones.

1 Research Findings on Programs to Reduce Teen Pregnancy (2001) by Douglas Kirby, Ph.D.

2 UNAIDS, United Program on HIV/AIDS, 1997. A. Grunseit et al, “Sexuality Education and Young People’s Behavior: A Review of Studies”. Journal of Adolescent Research, 1997, vol. 12 issue 4, pp. 421-53.

3 Cohen J, and Tate T., The Less they Know, the Better: Abstinence Only HIV/AIDS Programs in Uganda. Reroductive Health Matters 2006; 14 (28) 174-178